El olvido como proceso de injusticia. A propósito del Jet Set

In Opiniones
junio 18, 2025
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Por: Juan Joel Victorino Mejía, PSI MA

Es innegable que cientos de personas ya no están con nosotros en este mundo material, y muchas de estas pérdidas han dejado cicatrices profundas en los corazones de las familias dominicanas. Lo ocurrido recientemente con el caso del Jet Set ha sido, sin lugar a dudas, un hecho sin precedentes que impactó de forma devastadora a nuestra sociedad.

Todas las pérdidas humanas son dolorosas, pero perder a figuras como Rubby Pérez, cantante de voz prodigiosa y ser humano excepcional—hombre de bien, filántropo y fuente de alegría no solo para nuestro país, sino también para Latinoamérica y los Estados Unidos—representa una pérdida doble: la de un artista y la de un ser humano valioso.

Igualmente dolorosa fue la partida del ex pelotero Octavio Dotel, quien con sus logros deportivos llenó de orgullo a nuestra nación. Otro nombre que se suma a esta lista es el de un reconocido banquero, el señor Grullón, así como el diseñador Martín Polanco, cuya creatividad y talento llevaron el nombre de la República Dominicana a escenarios internacionales. También se perdieron valiosas vidas entre comunicadores, médicos, trabajadores y miembros del mismo Jet Set, todos víctimas de un suceso tan repentino como devastador.

Aunque hubo señales previas, es justo decir que ninguno de los asistentes a aquella fatídica noche esperaba un desenlace tan doloroso. La forma trágica y abrupta en que ocurrió la tragedia ha dejado a los sobrevivientes y a los familiares con muchas preguntas sin respuesta.

Surgen entonces las interrogantes inevitables: “¿Por qué a mí?”, “¿Por qué sobreviví?”, “¿Habrá un propósito mayor en mi vida?” Estas preguntas son comunes, especialmente entre quienes poseen algún nivel de espiritualidad o fe en algo superior.

Este suceso marca un antes y un después, no solo por la magnitud del dolor causado, sino también por las lecciones que deja. Nos obliga a reflexionar sobre la urgencia de garantizar la seguridad en nuestras edificaciones y espacios públicos. Pero también es una muestra irrefutable del espíritu solidario del pueblo dominicano: ante la tragedia, nos unimos sin importar afiliación política o creencia religiosa. Somos, por naturaleza, un pueblo colaborador y compasivo.

Desde la perspectiva psicológica, esta pérdida tomará mucho tiempo en ser procesada. La recuperación emocional de los familiares y sobrevivientes será larga y compleja. Vivir con este dolor no será fácil, y en muchos casos será más un proceso de adaptación que de superación total.

Es imprescindible que, como parte del proceso de sanación, impere la justicia: que se investigue con rigor, que se asuman las responsabilidades necesarias y que se tomen decisiones que permitan cerrar este doloroso capítulo. Solo así podrá iniciarse verdaderamente un camino hacia la reparación emocional.

Como sociedad, no podemos—ni debemos—permitirnos olvidar este hecho. Olvidarlo sería una injusticia, no solo para las víctimas, sino también para el país entero. Recordar es honrar la memoria de quienes partieron y mantener viva la exigencia de justicia, prevención y humanidad.

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One Response to “¿Tu agresor o tu verdugo?”

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