Terror en las aulas universitarias

In Opiniones
julio 31, 2017
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La Educación Superior está llamada a jugar un papel preponderante en el desarrollo social y económico de una nación, sin embargo, en la República Dominicana no parece  primar este criterio, puesto que,  conforme pasan los años se agudiza una silenciosa, progresiva, crítica  y triste realidad que lacera los signos vitales  de la enseñanza superior en el país.

Como la problemática es multicausal, en esta oportunidad he querido concentrarme en una que considero  de suma importancia, puesto que involucra de manera directa a los dos principales actores del sistema: profesores y estudiantes.   Me refiero al terror que muchos profesores implantan en las aulas en detrimento de los estudiantes, los cuales, creyéndose emperadores y emperadoras, sin medir consecuencias, cometen todo tipo de atropellos y maltratos, sin que las autoridades universitarias, conscientes de todo cuanto ocurre,  tomen los correctivos de lugar.

En las  aulas de las universidades dominicanas, a mi juicio,  se concentran dos tipos de “profesores”, que ponen en evidencia las serias debilidades en cuanto al criterio para la selección del personal docente y una pobrísima supervisión  a las labores que estos desarrollan; me refiero, en primer lugar, a un tipo de profesor que se consideran “Archicientíficos”, que por lo regular tienen buena preparación teórica en las áreas en las que imparten docencia, sin embargo, su primera carta de presentación es estrujarle en la cara sus conocimientos a los estudiantes, y creyéndose seres muy superiores, tienen la desfachatez de llamarles brutos,  animales, o cualquier otro calificativo que entiendan “traza la raya de pizarro” entre su supuesta cientificidad y la brutalidad de los muchachos, y con cuya actitud tienden a frustrar los sueños de muchos de los que no lograr asimilar este tipo de comportamientos. Estos individuos no respetan lineamientos institucionales;  sus métodos son propios y casi siempre alcaicos; no aceptan criterios que no vayan acorde con los suyos; Creen estar por encima del bien y del mal; Son intolerantes, burlones e  insaciables en cuanto a los requisitos que deben cumplir las tareas que les asigna a sus estudiantes, de modo que todo cuando entregan los alumnos son porquerías hasta tanto él no le pasa su mano sanadora, que por arte de magia las convierte en obras de arte. Entre estos “Archicientíficos” suelen aparecer cazadores en términos sexuales de “muchachitas” y “muchachitos”, a los que ponen contra la espada y la pared si en un momento determinado si no acceden a sus pretensiones, incluso  hay casos en los que tienen la desvergüenza de decirle a sus presas, “Si no sales conmigo, no me pasas la materia”.  Lo más triste en este caso, es que una parte importante de esas víctimas, desprovistas de orientación, o acceden a los deseos del canalla, o retiran la asignatura, y cuando la situación se vuelve muy reiterativa, abandonan los estudios;  pero hay algo que resulta ser tan negativo como los hechos mismos, y es que  los reclamos llueven en las distintas instancias de las universidades sin que se tomen medidas serias para detener estos abusos.

En segundo lugar tenemos a los “Trepadores”, que gracias al tráfico de influencias logran engancharse a profesores  y tratan de ocultar su  falta de preparación en la prepotencia y el maltrato para con sus estudiantes. En sus secciones no está permitida la presencia de estudiantes con capacidad para poder rebatirle alguna idea  o razonamiento; no tienen la capacidad de seguir ningún tipo de lineamientos, por  eso imparten sus clases a lo que “coja mi bon”. A pesar de sus debilidades intelectuales, pretenden venderse como “maestros” de las asignaturas que imparten; Por lo regular son negociantes  que pretenden sacarle provecho económico a todo, siendo los estudiantes su público meta, a quienes les vende hasta las “picadas de ojos”. Al igual que los profesores “Archicientíficos”, le marchan a todas las muchachitas y muchachitos, dependiendo de sus preferencias sexuales.

En mi observatorio pude identificar el caso vergonzoso y degradante de un “Trepador” que me resulta imposible dejar de mencionar aunque sea de manera somera, pero creo que no hacerlo sería un acto de cobardía y una falta de respeto de mi parte. Se trata de un profesor vigente que debe tener al menos 100 denuncias por irrespetos a estudiantes en la institución educativa para la que labora, incluso este caso ha tenido repercusión en algunos medios electrónicos. Resulta que este individuo que imparte asignaturas de grado y  es asesor de Monográficos y Proyectos  para la carrera de Derecho; llega a un nivel de irrespeto tal, que a modo de broma,  tiene la osadía de llamar  “Cuero”, “Puta”, “Tecato”, “Maricón”, etc., a sus estudiantes, pero además ha sembrado el terror entre aquellos que cada cuatrimestre tienen el infortunio de recibir sus asesorías para Proyectos y Monográficos, pues resulta que aquellos que no realizan sus trabajos en un negocio en particular, donde recibe un porciento por cada estudio de grado;  sencillamente pasan “la de Caín”, pero lo que es aún peor;  si alguien con algún criterio se le ocurriese revisar cualquiera de los trabajos que son realizados al antojo de este “honorable asesor”, se dará cuenta que son prácticamente  inservibles, sin ningún criterio ni rigor científico, insustentables ante la más mínima revisión, que sólo en una sociedad como la nuestra, donde nadie supervisa nada, donde cualquier “carajo a la vela”, enganchado a profesor, es capaz de doblar la dignidad de un estudiante y echarla al zafacón, ante la mirada impune de un Estado Ciego y Sordo.

Mientras en las aulas de las universidades dominicanas haya un solo profesor con comportamiento destemplado, no será posible hablar de un sistema educativo de calidad, por eso creo importante que las autoridades, específicamente el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, cumpla con el rol que le confiere la Constitución y las Leyes y tome las medidas necesarias contra aquellas universidades que propician este tipo de inconductas, que no hacen otra cosa que sembrar el terror en las aulas, cercenando el futuro de muchos estudiantes, tanto por los atropellos, como por la deficiente preparación académica que reciben, lo cual se traduce en una perversa conspiración que busca inviabilizar el futuro de la República Dominicana.

Lograr el país que merecemos nunca será tarea fácil, pero si logramos derribar aquellos obstáculos que dificultan nuestros pasos en el camino de la educación superior, avanzaremos con firmeza y determinación, pero eso sólo será posible, siempre que el Estado envíe señales contundentes contra quienes transgredan las leyes; Siempre que las autoridades universitarias enfoquen la gestión hacia la construcción de aulas abiertas a docentes formados con criterios científicos y éticos; Siempre que los estudiantes, como principal activo del sistema, no se amedrenten ante a los desatinos  de sus instructores y que sepan defender sus derechos en cualquier terreno.

Ese país es posible, construyámoslo.

Por: Franklin Díaz

 

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2 Responses to “¿Tu agresor o tu verdugo?”

  1. Francis Swigert dice:

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