SARNAS DE LA MEDIOCRIDAD
Hasta involucrarme en la lectura de “El Hombre Mediocre” de la autoría del filósofo Argentino José Ingenieros, pensaba que la mediocridad era un defecto característico en personas carentes de educación, cultura y talento, o que única y exclusivamente definía a aquellas personas no muy inteligentes, desprovistas de cualidad y capacidad en su desempeño cotidiano, sin embargo, a partir de esta formidable obra he podido descubrir todo cuanto implica este concepto, que dicho sea de paso, es el peor de los males que pudiera tener un ser humano.
Según Ingenieros, “el hombre mediocre es un ser sin personalidad que se deja domesticar por el medio social en el que vive”. Así mismo, el autor considera que “El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad”
Desde la óptica de José Ingenieros, existen algunas características básicas que definen el comportamiento del hombre mediocre, a las cuales he preferido llamarle sarnas de la mediocridad. Recordemos que la “Sarna” es una enfermedad contagiosa de la piel, producida por el ácaro parásito “Sarcoptes Scabiei”. A diferencia de esta, la sarna del hombre mediocre es espiritual, de muy difícil tratamiento y se manifiesta en el diario vivir, sobre todo en la relación con los demás, por lo que, consciente de todo cuanto implica ser portador de esta terrible enfermedad, servido de la “cuchara grande” de un de los más prolíferos de los filósofos de América Latina, a continuación se describen algunos de los aspectos fundamentales que identifican a estos enfermos de espiritualidad:
Carecen de ideales: En su estilo y forma de vida, la preparación, superación y búsqueda incesante de la perfección, son elementos que no cuentan en sus siembras y planes de vida, y lo que es peor, aborrecen a todos aquellos que las cultivan. “El hombre sin ideales hace del arte un oficio, de la ciencia un comercio, de la filosofía un instrumento, de la virtud una empresa, de la caridad una fiesta, del placer un sensualismo”.
Acciones Intrascendentes: Esta sarna lleva a los mediocres a la realización de obras intrascendentes, puesto que sus acciones se enmarcan siempre dentro de cánones preestablecidos. No les preocupa hacer un ejercicio mental por más simple que sea, más bien son amantes de la lluvia sobre mojado, es decir, son incapaces de enarbolar una bandera con sus propias drisas.
Cerrados al aprendizaje: Creen sabérselas todas, son los científicos de la “A” a la “Z”, por eso rechazan todo planteamiento instructivo. En su mundo, aceptar asentir un razonamiento es como un acto de barbarie. Son cerrados a toda crítica, e irónicamente abiertos para emitir juicios sobre otros.
Desconocen sus fortalezas y debilidades: No es tan sólo que no reconocen sus puntos fuertes y débiles, sino que rehúyen pensar en sus luces por temor a que alguien le hable de sus sombras, pero además, consideran que al reconocer sus debilidades se vuelven vulnerables ante unos supuestos enemigos y contrarios que siempre creen tener.
Temor a equivocarse o a avanzar hacia lo desconocido: Otra de las sarnas que consume la existencia de los mediocres, es su incomprensible miedo a lo desconocido y su temor a reconocer cuando se han equivocado. José Ingenieros, en ese sentido hace dos planteamientos importantes: a.-“El horror de lo desconocido los ata a mil prejuicios, tornándolos timoratos e indecisos: nada aguijonea su curiosidad”. b.- “Astrónomos hubo que se negaron a mirar el cielo a través del telescopio, temiendo ver desbaratados sus errores más firmes”.
Sin opinión propia, ni escuchan a los demás para poder formarse un juicio. Nos creamos una perspectiva distinta de la vida cuando cultivamos la capacidad de escuchar a los demás, pero lamentablemente el hombre mediocre no cree en eso. “Pueden llegar a sentir la belleza de un manuscrito que se les lee, pero no osan declarar en su favor hasta que hayan visto su curso en el mundo y escuchado la opinión de los presuntos competentes; no arriesgan su voto, quieren ser llevados por la multitud”.
Correr tras el éxito económico: El capitalismo nos empuja hacia una alocada carrera hacia un llamado éxito económico, que casi siempre nos vuelve inhumanos e insensibles hacia todos aquellos aspectos de la vida donde se nos reclama un espíritu distinto. Esto no quiere decir que la obtención de dinero sea negativa “per sé”, de lo que se trata es de evitar que nuestro afán por el dinero nos haga seres dependientes de un consumo excesivo e innecesario, al tiempo de volvernos insensatos, carentes de pureza existencial para poder entender que cuando se asume el dinero como un dios, sencillamente nos volvemos esclavos de nuestros propios desenfrenos.
Alguna vez hemos utilizado o escuchado el pronunciamiento de esta frase: “Ese es un perro con ropa”, la cual hace alusión a un tipo de mediocres, que sin importar sus condiciones sociales o económicas; ha construido un mundo imaginario en el que sólo él posee condiciones y valores excepcionales. Este tipo de mediocre es incapaz de dar o responder un saludo; No regala ni valora una sonrisa; El color de la piel, la condición social y económica son aspectos imprescindibles a considerar a la hora entablar algún tipo de relación.
En definitiva, ser mediocre o ser superior es un asunto que le concierne a cada individuo, lo cierto es que como para asumir una actitud de mediocridad se requiere de tan poco esfuerzo; mucha gente opta por dejarse llenar de sarnas, ignorando que esta enfermedad es letal, con la particularidad de que puede convertirte en un “muerto en vida”.



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