Franklin Díaz: La fiebre de la UASD no está en la sábana

In Opiniones
octubre 9, 2017
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La vasta riqueza de la sabiduría popular pone una frase a nuestra disposición, a la que hacemos referencia para  poner de manifiesto nuestro criterio sobre la situación que vive la Universidad Autónoma de Santo Domingo; Como se observa en el título que antecede a este artículo,  a la frase original tan sólo se le incluye las siglas de la Academia, con lo que,  en términos figurativos, hacemos un ejercicio mental  para imaginar que estamos hablando de un paciente con determinadas complicaciones de salud.

El campus matriz de la más vieja universidad del nuevo mundo, ubicado en el corazón de la ciudad de Santo Domingo, con semillas diseminadas prácticamente por todo el territorio nacional, fue erigida el 28 de octubre del el año 1538 por autorización  de la bula papal Apostolatus Culmine, bautizada como Universidad Santo Tomás de Aquino, hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo, la cual, producto de múltiples contrariedades, sobre todo de índole político, ha vivido tortuosos procesos que le han marcado hasta nuestros días.

Sin ocultar los aportes que históricamente ha hecho la universidad al proceso democrático dominicano, bajo ninguna circunstancia se puede perder de vista  que desde hace años el imperio del caos y el desorden domina el escenario, donde el peso de las distintas fuerzas políticas nacionales que gravitan en la escogencia  del rectorado y en las agrupaciones  gremiales que dominan el quehacer universitario, lo que constituye una de las principales  causas de los malestares que aquejan a la más antigua casa de altos estudios en América, pero además, no es un secreto para nadie  que hay otras fuerzas oscuras,  ligadas al sector privado,  con altos intereses en la educación superior, que conscientes de que  los avances que pudiera experimentar la UASD, se pueden traducir en una disminución significativa de la matricula de estudiantes que ingresen a esos centros, algunos de los cuales más bien parecen chinchorros, con ofertas académicas deplorables,  negocios abiertos sin control, que ajustan los precios de sus pésimos servicios de manera antojadiza, incluso, los hay que cobran servicios que jamás ofrecen (carnets, seguros, etc.); con un poder  tal, que  no consideran la opinión de nadie, y a pesar de que  las leyes le dan a esas universidades un  carácter de Organizaciones sin Fines de Lucro, la mayoría, en la práctica  son  negocios muy rentables, manejados al antojo de unos cuantos “Honorables”, cuyas fortunas, a costa de los “hijos de machepa”, son incuantificables; por eso siempre buscan pescar en el río revuelto de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Una parte importante de los líderes gremiales de la universidad del Estado no se han percatado aún de que caminamos a pasos firmes hacia la tercera década del siglo XXI, que hoy conformamos la sociedad del conocimiento, muy distantes de aquella sociedad de los años setenta y ochenta. En este primer decenio, los conflictos armados, como reductos  de la Segunda Guerra Mundial,  seguían siendo los recursos por excelencia para la solución de conflictos;  y en la segunda década, los últimos suspiros de la guerra fría seguían causando recias tensiones en los distintos litorales del planeta, los cuales desembocan en la caída del Muro de Berlín en el año 1989, donde se  asiste no sólo al derribo de una de las más icónicas fronteras geográficas, sino que, trajo consigo  la consolidación de nuevas formas de entender la política, la ideología, la cultura y la propia humanidad.

No entender estas realidades históricas, es lo que ha llevado a los principales actores de la cotidianidad uasdiana,  a utilizar métodos de luchas retrógradas, donde la confrontación violenta entre las autoridades policiales y los grupos internos, son de los principales responsables de las pérdidas de vidas humanas y el atraso a que ha sido sometida la academia durante tanto tiempo.

La Universidad Autónoma de Santo Domingo, con un presupuesto,   al año 2017,  de 711 mil 399 MM, ha servido de festín para alimentar una nómina parasitaria que hoy en día se desconoce con exactitud  a cuanto asciende, la cual se despilfarra  entre  estudiantes prácticamente becados, a los que no se les exige ningún tipo de rendimiento académico;  empleados que cobran sueldos de lujo sin prestar servicios o brindándolo de manera deficiente; Profesores sin compromisos, más que con sus propios intereses,  que alcanzan la función docente por tráficos de influencias, sin la debida preparación, y por supuesto, no puede dejar de mencionarse las direcciones administrativas, que manejadas al antojo del rectorado, se incurren en gastos cuantiosos, amparados en una falta de  criterio a la hora de rendir las cuentas que nadie fiscaliza.

Jamás caeré en el error de generalizar en este caso, porque a decir verdad, hay un grupo importante de hombres y mujeres (que son los más) que desde distintos litorales hacen esfuerzos ingentes por preservar  la única institución donde los pobres tienen derecho a obtener un título profesional.  Docentes bien formados, que siempre están al pie del cañón, brindando lo mejor de sus conocimientos para que muchos alcancen la titularidad; Estudiantes que asumen con seriedad la noble tarea de prepararse para ser útiles a la sociedad; Empleados que no descuidan sus labores cotidianas y asumen con entereza todas las responsabilidades que le son conferidas; pero como suele ocurrir, los  menos  con recursos y quien  les aúpe, todo lo permean.

Cada  cuatro años  la comunidad universitaria es convocada a un proceso eleccionario, donde se vende la falsa idea de que con la llegada de nuevas autoridades,  la fiebre del paciente bajará de nivel, pero lo cierto es que nos han involucrado en un círculo vicioso, donde cada grupo estudiantil, de profesores y de  empleados, con agendas y objetivos  individuales, se  encargan de sembrar la anarquía, y por antojo,  hasta por un “quítame esta paja” se  crean disturbios en el alma mater sin que aparezca una autoridad responsable  que le ponga coto, más bien se sigue atizando el fogón para que el desorden prosiga y se ahonde aun más la crisis, mientras los grupúsculos siguen dominando la escena,  en detrimento de toda una sociedad que reclama que allí se imponga la razón y la UASAD pueda ser reencauzada por senderos distintos; pero lamentablemente no terminan de entender que “La fiebre no está en la sábana”.

Por más teorías que se profesen, la temperatura corporal de la UASD no cede y continúa haciendo efectos negativos, pero lo  que es peor, el gobierno central, que en este caso es el médico de cabecera del paciente, no hace otra cosa que validar los paños tibios, por eso la cura se sigue  prolongando en el tiempo; Es por ello que propiciamos la creación de una amplia comisión de notables, tanto locales como internacionales, con gente de presteza en el ámbito académico,  los cuales deberán ser escogidos por todos los sectores que convergen en el conflicto, incluyendo lógicamente,  al Poder Ejecutivo como representante del Estado, donde se propicie un diálogo  sin precedentes en la República Dominicana, cuyo objetivo fundamental sea el rescate de la UASD, para que esta sea devuelta a su legítimo dueño, que es el pueblo dominicano y que en el marco de ese diálogo se propicie el establecimiento de un nuevo orden institucional,  que sea respetado por todos, y al mismo tiempo establecer los controles necesarios para que todo aquel que altere la paz, le sean aplicadas las sanciones correspondientes; claro está, la institución no puede vivir de espaldas a frente a las problemáticas nacionales, pero esto debe hacerse siempre en apego a determinadas reglas.

Solo deponiendo mezquindades e intereses particulares, lograremos curar no sólo la fiebre, sino todos los problemas de salud que aquejan a  la universidad y que motivaban las altas temperaturas, de modo que esta cumpla cabalmente con su rol en esta sociedad del conocimiento y en una era cada vez más globalizada, generando profesionales a la altura de esta época, y haciendo aportes científicos y tecnológicos que le permitan trillar su camino hacia el ranking de las mejores universidades del mundo. ¿Es mucho pedir?…

por: Franklin Díaz

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2 Responses to “¿Tu agresor o tu verdugo?”

  1. Francis Swigert dice:

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