Franklin Díaz: El valor de un encuentro fraterno

In Opiniones
febrero 16, 2018
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Aunque de entrada, el siguiente texto pudiese aparentar reducido en cuanto al blanco de público; confieso que hacerlo extensivo a mis amables lectores, sin importar que no sean protagonistas de las experiencias que pretendo describir, me satisface enormemente, puesto que tengo el pleno convencimiento de que solo retomando el camino de la unidad familiar y fortaleciendo los lazos de amistad, tendremos la oportunidad de volver a vestir de esperanza nuestros hogares y por vías de consecuencias, cambiaremos el armazón de los muchachos que le entregaremos a la sociedad.

28 de Enero 2018; en medio de las festividades del natalicio del más insigne de los hijos de esta noble Patria, fui convocado junto a otros tantos hombres y mujeres a un encuentro fraterno, cuya motivación era la historia que juntos compartimos durante la promoción de 4to. Bachillerato 1988-1989.

Los tres meses previos a un encuentro de fogueo, efectuado en el mes de noviembre del año 2017; cual adolescentes, incentivados por las bondades que proporciona el buen uso de las redes sociales, nos confundimos en los más tórridos y espontáneos saludos virtuales; además de las lágrimas y risas que nos ocasionaban recordar tantas ocurrencias y episodios emocionantes, que de alguna manera contribuyeron a moldear la personalidad de todos y cada uno de nosotros.

Aquel día 4; más de una veintena de personas nos reencontramos en un ambiente informal y pudimos constatar la sinergia que aún existía entre nosotros, tanto los que residen en el país, como los del exterior, que a pesar

de su entrega y sus grandes aportes no pudieron decir presente; vivimos un gran momento que sirvió de plataforma para una próxima velada.

Todos esos juegos de emociones e infantilismos positivos, provocaron la reapertura de las compuertas para volver a saborear uno de los néctares más puros, exquisitos y escasos de este mundo: La Amistad.

Imbuidos por la intensa fiebre que provocan casi tres décadas de distanciamiento entre la mayoría de los bachilleres del último período lectivo de la memorable década de los ochenta; desde distintos puntos del país y desde el exterior, nos trasladamos a la tierra que nos proporcionó el primer aliento de vida, para asistir a un encuentro, que por determinados acontecimientos durante las horas más próximas, incluida las fuertes y constantes lluvias que desparramaban preñadas las nubes del cielo “Sabanaboyaense”; por la mente de muchos de nosotros se propagaron los temores, pero al mismo tiempo, todo lo pusimos en manos del Dios Todopoderoso para que cualquier obstáculo fuese removido.

La actividad que estaba prevista iniciar a las diez de la mañana de aquel domingo, pero fue próximo a la una de la tarde que comenzaron a soplar los vientos a nuestro favor, y como por arte de magia, conforme fue pasando el tiempo, “los muchachos y muchachas” fueron llegando, hasta que finalmente, toda la magia de una juventud que no perece y que jamás se da por vencida, se puso de manifiesto y logramos que los abrazos, las anécdotas, las sonrisas y las danzas se hicieran dueños del escenario, hasta convertirnos, de una forma fantástica, en niños que motivados por los juegos y la sensación de sentirse queridos, hacen de cualquier momento una nota de diversión que les pone a vibrar y sentir sensaciones que por lo regular suelen ser únicas e irrepetibles.

Gracias del alma para todos los que se animaron a encender esta llama, gracias a los que han atizado el fogón para que volvamos a ver la vida con matices distintos; Gracias a Dios Todopoderoso por regalarnos el inmenso placer de disfrutar de una amistad que se creía perdida.

En una sociedad como la actual, con una enorme inversión de valores, donde se ha ido perdiendo el sentido de la propia vida, donde cada quien piensa como buey sujetado a la yunta; donde la amistad es cada vez más escasa; se hace urgente emprender acciones para redireccionar el camino de las generaciones que nos siguen, y desde mi óptica, realizar este tipo de encuentros, no sólo renueva afectos, sino que manda señales inequívocas de que en la familia y amistad en su expresión más alta, está el futuro de la humanidad.

Les invito a todos a animarse crear las condiciones de para el fortalecimiento de sus relaciones con el medio que les rodea; todos tenemos historias que compartir; todos tenemos valiosos amigos que se han ido perdiendo en el tiempo; amigos de infancia, de la escuela, la universidad, del bario, etc.; anímense a la realización de encuentros fraternos, los cuales contribuyen enormemente a fortalecer los vínculos, sobre todo porque nos deja ver nuestro lado más humano, y está más que comprobado que un ser humano con intensas relaciones afectivas, tiene asegurado el camino del éxito en todas las vertientes y en todos los sentidos.

Por Franklin Díaz

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