Franklin Díaz: Industria azucarera, Capitalización y Latrocinio.

In Opiniones
noviembre 13, 2017
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La Hispaniola fue el primer territorio de América  donde  se plantó semilla de caña, introducida por el Almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje en el año 1493, sin embargo, fue en el año 1501 cuando se logró “prender” la planta, procedente de las Islas Canarias,  y a partir de entonces, se expandió por todo el continente Americano.

A partir de la fundación de la Colonia, a principios del siglo XVI,  durante el gobierno de los Padres Jerónimos, fueron otorgados préstamos para la siembra y procesamiento de la caña de azúcar, y específicamente, en el año 1504 fue instalado en La Concepción de la Vega el primer trapiche, sin embargo, el primer ingenio con vocación comercial fue instalado en Nigua, y ya en el año 1517 se producía azúcar para ser exportada a España.

Con altas y bajas, la industria comenzó un proceso de expansión por los siglos siguientes, y en el año 1785, las limitaciones para el consumo interno, producto  de la escasez de negros esclavos, provocó que el Rey Carlos III expidiera la Real Cédula del 12 de abril de 1786, la cual, entre otras cosas, autorizaba la importación de africanos sin ningún tipo de restricciones.

Entre  1874 y 1880, inmigrantes cubanos, encabezados por Carlos F.Loynaz, instalaron el primer ingenio movido a vapor, que aunque tuvo una corta existencia, sirvió de impulso tecnológico para que a principio del siglo XX, otros inversionistas, tanto de origen estadounidense como europeos se animaran a instalar ingenios con técnicas de producción que eran superiores a los que habían desarrollado los cubanos.

Durante los años 1918 y 1921 se produjo una gran efervescencia económica, debido a que  la Primera Guerra Mundial provocó un aumento significativo de la demanda de tabaco, café, cacao dominicano y caña de azúcar, por lo que  se elevaron los  precios de estos productos agrícolas.

A mediados del siglo XX,  a raíz de la Segunda Guerra Mundial,  hubo un aumento significativo de los precios del azúcar en los mercados internacionales, por lo que tirano Rafael Leónidas Trujillo decide incursionar en el negocio y es entonces en el año 1948 cuando se inicia la  construcción del Ingenio Catarey, ubicado en el Municipio de Villa Altagracia, provincia San Cristóbal. En año 1950 durante los seis meses de prueba,  produjo  unas 600 toneladas de azúcar diariamente, sin embargo al reemplazar el tándem original, en el año 1956 aumentó su capacidad, llegando a las 2,500 toneladas dl día.

En el año 1951, el Ingenio Rio Haina, ubicado en la margen occidental del muelle de Haina, inicia su primera molienda con un solo tándem y su capacidad de molienda fue de 5,000 toneladas al día, pero al incluírsele un nuevo tándem  l año 1953,  aumentó a 12,000 toneladas diariamente.

En el  año 1952 Trujillo adquiere los ingenios Amistad y Montellano, con capacidad para  300 y 1,500 toneladas, respectivamente. En 1956 se instala el Central Esperanza, y además adquiere los ingenios, Central Ozama, Porvenir, Santa Fe, Barahona, Boca Chica, Quisqueya y Consuelo, para totalizar doce en el año 1961 cuando el tirano es asesinado, y fue entonces en el año 1966 que mediante el decreto No. 7, emitido por el Dr. Joaquín Balaguer, que se crea el Consejo Estatal Del Azúcar (CEA), creado para administrar  y eficientizar los ingenios y demás dependencias ligadas a la producción de azúcar  en la República Dominicana.

Para la producción de todos estos ingenios azucareros, fue necesario conformar toda una estructura vial que permitiera conectar los campos con las distintas estaciones de molienda, que implicaba 67 locomotoras, 1,032 kilómetros de línea férrea, de unos 440 mil rieles de acero puro, y aproximadamente 3,400 vagones; 32 puentes ferroviarios de acero; 80 mil vigas de los más diversos  calibres, 170 pares de eclipsas número 60 y número 8; miles de ranas y agujas. De igual modo, unos 35,000 bueyes, 200 camiones y 500 remolques; una cantidad indeterminada de vehículos, entre motores,  jeeps y tractores de las más diversas categorías; cerca de 3 millones de tareas de tierra, entre otros tantos activos que nos resultaría imposible describir con ciertos detalles.

En el año 1998 se inicia el llamado proceso de Reforma o capitalización, debido, sobre todo al colapso definitivo que se le avecinaba a la industria azucarera, pues de ser la espina dorsal de la economía, se había  convertido en la cenicienta de la producción agrícola del país. Con diez ingenios azucareros  que habían reducido su capacidad de molienda,  de 42,050 toneladas cortas por día, a 27,000 ton. cortas/día, valor virtual, debido a que dos de los ingenios  tenían varios años que habían  cerrado sus puertas, aunque mantenían intactas sus nóminas, y otros habían perdido algunas zafras.

Rafael Q. Montilla, ex director Ejecutivo del Instituto Azucarero Dominicano (INAZUCAR) y Presidente de la Comisión de Reforma de la Empresa Pública (CREP) en el año  2001, al participar en el Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, celebrado en Lisboa, Portugal en el año  2002, ha sostenido que “la crisis financiera del CEA era de tal magnitud que había acumulado un déficit financiero de cerca de RD$3,300 millones de pesos (algo más de US$200 millones de dólares), mientras que su capital era de RD$1,206,375,920.00 (aproximadamente US$76 millones). La situación de insolvencia del sector se manifestaba en el orden de sus pasivos que al 30 de noviembre del 1998, habían sido cuantificados en RD$1,815 millones de pesos (unos US$115 millones)”.

Montilla sostiene además, que en el año 1999, independientemente de la  severa crisis que existía, la nómina del Consejo Estatal del Azúcar alcanzó los 26,903 empleados, cuyo pago ascendía a RD$141,600,481.00, la cual se pagaba por el subsidio  del Gobierno Central, y fue entonces en ese esquema, que finalmente, mediante decreto 180-99 se dispuso la transferencia en calidad de arrendamiento de  de las tierras pertenecientes a los ingenios, Santa Fe, Porvenir y Consuelo, que totalizaban  554 mil tareas.

La debacle de la industria azucarera estatal no se produjo de la noche a la mañana, puesto que, si bien puede decirse que la caída de los precios del néctar en los mercados internacionales jugaron un papel preponderante en el arruinamiento de esta importante industria local, no se puede “tapar el sol con un dedo”, por eso se debe afirmar de manera categórica, que el latrocinio patrocinado por los distintos gobiernos dominicanos fue clave para que se produjera todo este desorden económico, que posiblemente jamás se sepa con exactitud  cuánto le ha costado al pueblo dominicano.

No puedo aportar nombres y apellidos de los responsables del crimen de lesa patria que se cometió contra los cuantiosos bienes del CEA durante el proceso de capitalización, lo que sí puedo decir  con toda responsabilidad, es que no hay un solo gobierno que se atreva a tirar la primera piedra, porque todos son responsables directos de lo ocurrido con el otrora emporio azucarero dominicano, sobre todo en la fase final del proceso, donde políticos, empresarios,  militares y gentes comunes, se adueñaron del patrimonio estatal.

En este país ha habido pocos robos más grandes que el que se cometió en el CEA; Todo fue repartido  al por mayor y al detalle y  a precio de vaca muerta, y no existe un solo procesado  de tantos canallas que hicieron fortunas a costa del sudor de tantos hombres y mujeres que durante décadas lo dieron todo y que al final de su jornada, los que pudieron sobrevivir, quedaron en el olvido y en la más paupérrima miseria.

El tiempo seguirá pasando de manera inexorable, y con él, muchos seguirán su ruta, exhibiendo y transfiriendo sus fortunas de generación en generación;  muchos  creen haber limpiado su nombre, haciéndose llamar honorables, padres de la honestidad y la pulcritud; pretenden seguir trillando su camino a base de la supuesta mala memoria de este pueblo, pero hay que  recordarles, que es probable nos olvidemos de todo cuanto hicieron y jamás le hagamos pagar por sus perversidades, pero la justicia divina es perfecta, puede tardar en llegar, pero de que llega, llega.

Por: Franklin Díaz

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